Hace algunos años me encontré con esta respuesta por parte de un alumno adulto que respondía, desde su conocimiento pragmático del mundo, a la pregunta que se le planteaba en el examen libre para la obtención del título de EGB. Abrumada por el peso de la evidencia dí la pregunta por buena y el sufrido obrero consiguió el título.
Esta mañana tuve una reunión con el comité de empresa de mi centro y no pude menos que valorar la sapiencia de años de empleado de aquel buen hombre. Un sindicato sirve básicamente para defenderse a si mismo, prosperar y ser un poder en la sombra… y si puede al sol, tumbado y sin hacer nada en unas vacaciones perpetuas.
El diálogo, por calificarlo de algún modo, se pareció mucho, salvando las distancias, a una obra de Ionesco. Yo intentaba buscar una salida constructiva a un problema puntual y cada uno de los representantes sindicales, entre tanto, hablaba de “su libro”.
Yo misma, ingenua, estoy afiliada desde siempre a un sindicato allí representado y que por no venderme como al ganado se calló y otorgó a los otros mientras aquello se convertía en un esperpento que podría dar a Berlanga argumento, escenario y actores para su próxima película. La razón de dejarme en la cuneta es obvia, directivos hay pocos y gente de base mucha. Defendiendome a mi, que tengo razón y lo sé, pierden el aporte mensual de los vagos que no la tienen. Y ya se sabe que poderoso caballero es Don Dinero.
Para situar al lector haré una comparativa de la situación desde un escenario hipotético. Supongamos que yo soy directora de una empresa de seguridad o teniente de la guardia civil. Y tengo a cinco agentes para vigilar a unos peligrosos elementos mañana tarde y noche. Un agente está por la mañana, dos por la tarde y dos por la noche; habida cuenta que por la mañana su centro de confinamiento está plagado de idiotas como yo que pretenden reinsertarlos en la sociedad y hacer de ellos gente útil. Pongamos que una hora antes del cambio de turno de la tarde a la noche, uno de los vigilantes llama y dice que le duele el dedo gordo del pie izquierdo por un uñero puñetero y que así no hay quien trabaje y que se va a quedar en casa y si acaso mañana va al médico. Entonces, desde mi perspectiva es que, siendo imposible localizar al agente de mañana (que es quien está libre) lo normal es que, dado lo extraordinario de la situación, uno de los que ya está allí se quede a apoyar a su compañero para evitar que lo linchen los reclusos. Sin embargo los sindicatos, en un gesto de amor por el trabajo y profesionalidad, pretenden que vaya el director o el teniente (o sea, yo) porque para eso tengo más cargo. Además ellos no tienen obligación de hacer ni un minuto de más (de menos pueden hacer todos los que sea con la única explicación de su infinito morro) pero yo tengo que trabajar 24 horas (de hacerles caso, cosa que no haré, sería literal) sin derecho a ningún descanso extra.
… y el director ejecutivo de la Citroen irá a vigilar la fábrica de Vigo el día que falte el bedel. Lo veremos pronto.